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"Manos dibujando",
M.C. Escher |
Pienso en la inercia. La inercia
no arrastra la pluma sobre el papel. La mano del inerte se abre flácida y la
pluma rueda tras un golpe sordo por el papel. Es posible que con el choque
parte de la tinta se derrame sobre la hoja formando charcos azules que es
posible que mojen la mano pero no le harán sentir la humedad ni el frío.
Si se pudiese escribir desde la
inercia, ¿qué escribirían las manos de los muertos? Me imagino manos asomando
de la negra tierra de un cementerio inmóviles esperando sin esperar un lápiz o
una pluma. Digo esperando sin esperar porque viven sin tiempo, en la eternidad
de la inacción ¿ qué puede importarles que sea hoy, dentro de un año o de 4
siglos? Tarde o temprano alguien les acercará una pluma y ellas las asirán,
repentinamente, como las plantas carnívoras cuando, tras la paciente espera, se
cierran para atrapar un insecto.
¿Qué
escribirían entonces las manos de los muertos? Tal vez escribirían un punto; un
punto y final. Permanecerían con la pluma clavada sobre el papel y el punto se
iría haciendo más y más grande hasta que la tinta cubriese todo el papel. O tal
vez no. Yo me imagino que dibujarían una línea recta horizontal:
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Es la viva imagen de la inercia:
plana, infinitamente tumbada, sin cambios ni sobresaltos. Recuerda al diagrama que
aparece en las pantallas de los aparatos de los hospitales que registran las
constantes vitales.
De todas formas, volviendo a la
realidad, si es que alguna vez hemos estado: lo inerte no escribe. La inercia
es el camino al silencio y a la quietud indiferente. Muy diferente del mutismo,
por cierto. Todo mutismo es silencio, pero no todo silencio es mutismo.
El mutismo es siempre voluntario
o impuesto. Uno puede envolver su frustración, su rabia o incluso su ira en
mutismo. El silencio se convierte en estos casos en algo cargado y que podría
dispararse en cualquier momento. Este tipo de silencio puede ser muy hiriente,
y lo curioso es que lo es por su mera potencialidad, no es necesario que llegue
a disparar para intimidar al contrincante. El otro habla y lo acusa a uno, uno
permanece callado, el otro se agita y remarca su posición con más fuerza. Pero
poco a poco, nadie sabe cómo, el otro empieza a justificar los motivos de su
acusación, es decir harto de tu silencio empieza a imaginar lo que podrías
decirle y lo que probablemente estás pensando. Y son los ataques imaginarios
del otro los que lo derrotan sin que tú tengas que hacer nada. Nadie mejor que
el otro para descubrir su propio talón de Aquiles.
El silencio no se puede rebatir:
no dice nada, pero podría decirlo todo. Pertenece que al orden de lo infinito,
es el ser en potencia. El que calla no se pronuncia, no se moja ni se ensucia.
Las palabras se construyen a partir de cortar, de delimitar; el silencio puede
inundarlo todo. Es el as en la manga que no se digna a descubrirse. El misterio
de lo inexpresado y de lo inexpresable. Sobra decir que utilizar algo tan bello
y poderoso como el silencio en una trivial lucha de egos, aunque efectivo, es
algo bastante poco noble. En cualquier caso la persona que decide, consciente o
inconscientemente, permanecer callada no siempre se sale con la suya. Es una
táctica particularmente inútil contra una persona muy segura de sí misma y de
lo que dice, y particularmente efectivo con personas inseguras, dubitativas o
particularmente empeñadas en ponerse en la piel del otro y llegar a un
entendimiento.
Pero
bueno, basta ya de detalles que esto empieza a parecer una especie de guía de
manipulación, cosa que difícilmente sería capaz de hacer y sobretodo no es lo
que pretendo. La verdad es que no se cual es mi pretensión, todo empezó con
manos de muertos que escribían y acabó en el uso táctico del silencio. Tampoco
es cuestión de criminalizar al silencioso, a veces simplemente es alguien que
no sabe qué decir, que está cansado, piensa que no será escuchado o entendido o
muchas otras posibilidades.